Asimismo, la confianza depositada en las enseñanzas del maestro, incluso aun cuando éstas sean suficientemente valiosas para fundar una escuela, es decir una nueva dirección investigadora, implica el peligro de la formación indoctrinada. El gran genio que descubre un gran principio esclarecedor tiene por experiencia a sobreestimar su campo de aplicación. Así lo han hecho Jacques Loeb, Iván Petrovich Pávlov, Sigmund Freud y otros muchos de los grandes maestros. Cuando a ello se agrega que la teoría sea demasiado plástica y anime poco a la falsificación, entonces esto, combinado con la veneración profesada al maestro, puede hacer de los alumnos, discípulos, y de la escuela, una religión con su propio culto, tal como ha ocurrido en muchas partes con las enseñanzas de Sigmund Freud.
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